CAPÍTULO 1: LA CARTA (ESPIRAL DE AROS)

la carta

Hoy es 3 de septiembre de 2014, acabo de cumplir 30 años.  En el momento de soplar las velas parece que el tiempo se detiene y aparecen por mi mente imágenes que lentamente voy procesando y dándole significado. Tras unos meses de indecisión, incomprensión, hastío y periodos de generación de ideas, que en ocasiones se ha vuelto agotador, empiezo a entender y encajar las piezas del puzle. A veces, no es más que tiempo lo que se necesita para darse cuenta de lo que uno quiere y lo que esos mensajes enigmáticos y llenos de símbolos nos quieren decir y no somos capaces de entenderlos. Nos faltan los códigos para poder desgranar y descodificar esos mensajes ocultos en esos momentos.

Desde hace unos años me escribo cartas que guardo en mi baúl verde forrado con tela de terciopelo y decorado con tachuelas milimétricamente separadas en los bordes. En esas cartas narro y detallo las vivencias de esos años y cómo creía que me vería y qué estaría haciendo en años posteriores.

Esta vez me toca la carta de Enma de 18 años que le escribe a Enma de 30 años.

¡Es la primera vez que me toca leer una de esas cartas! Me inquieta y siento unas cosquillitas que me recorren todo el cuerpo por la excitación que me produce el comprobar lo mucho o poco que he cambiado y si mis sueños se están cumpliendo.

Subo a mi habitación y busco mi baúl. Fue un regalo de mi abuelo y siempre lo he guardado con mucho cariño por el significado que éste ha tenido para mí y porque él fue el creador de esta joya que a día de hoy conservo como el primer día. Abro el baúl y busco la carta que me corresponde. Hay muchas. Son mi pequeño tesoro personal que sólo comparto conmigo misma. Necesito reservar ese espacio íntimo y personal que cada año repito con cautela para que ese momento mágico perdure.

Esta vez no me toca escribir, me toca leer. Cojo el sobre de color beige con tonos tostados que compré en una tiendecita de París. Me gusta viajar, conocer otras culturas, dejar que la sorpresa se apodere de mí cada vez que voy descubriendo los pequeños rincones que la vida tiene preparados para nosotros. En esos viajes suelo aprovechar para buscar sobres diferentes, originales y peculiares. Esos sobres después me servirán para guardar y sellar las palabras que quedarán secuestradas hasta que cumpla los años oportunos para poder abrir el cerrojo y dejar que esas palabras fluyan y me dejen mirar desde otra óptica el presente.

Me siento en la cama, enciendo la luz que reposa en el lateral izquierdo de mi cabecero y que ya de tanto uso tiene los bordes fundidos del calor que desprende la bombilla. Es un claro indicio de las horas de lectura nocturnas en mi cama. Esta vez, no sé por qué, noto cierto temblor en mis manos. Es como si mi cuerpo me quisiera anunciar algo que yo no sé de qué se trata.

Comienzo a leer mi carta:

Hola Enma de 30 años, hoy me ha propuesto papá escribirte. He de reconocer que se me hace muy raro, no sé por dónde empezar. Tengo la mente en blanco y no sé si es debido a la cantidad de cosas que me gustaría contar y no saber por dónde empezar o que la experiencia en sí me inquieta y me paraliza el hecho de pensar a tan largo plazo.

Voy a empezar por contarte lo que me gustaría hacer en este tiempo que vamos a tardar en volver a reencontrarnos. Acabo de empezar la Universidad. Después de mucho debate y puesta en común con mi familia he decidido hacer periodismo. ¡Espero que me guste! Me gusta contar historias y ser la voz de los colectivos más desfavorecidos. Espero cumplir mis expectativas. Yo le pongo mucho empeño a todo lo que hago, pero me acobarda la idea de no ser capaz de ser fiel a mis valores y mis creencias porque he de reconocerte que a veces me siento un bicho raro y en contra corriente con mi entorno. Es difícil estar continuamente demostrando y justificando el por qué de mis actos y mis pensamientos. No quiero dejarme influir por ese pensamiento derrotista y que me llega a asfixiar, donde todo parece imposible y te tachan de tener pajaritos en la cabeza. Es verdad que pajaritos tengo muchos, pero poco a poco van volando y voy consiguiendo mis metas.

Quiero hablarte de Marcos. Es el amor de mi vida y con él las horas me parecen minutos. Me encanta estar con él y me hace reír, para mí eso es muy importante. Le he conocido este verano en una fiesta que organizó mi amiga María en su casa, aprovechando que sus padres no estaban. Yo acababa de llegar y de repente nuestras miradas se cruzaron. En ese momento sentí un escalofrío por dentro y, hasta días después, no entendí que lo que había sentido había sido un flechazo. Jamás lo había experimentado con otros chicos que había conocido anteriormente. Yo aparté la mirada y sentí una mano que me agarró la cintura. Era María que venía a saludarme y presentarme a sus amigos, entre ellos Marcos, que era su primo. El escalofrío inicial se convirtió en un calor intenso que hizo ruborizar mis mejillas y sentir mis manos temblorosas, apareciendo en mi cara una sonrisa inevitable que no podía controlar. Al acercarme a darle dos besos, el olor de su colonia hizo que mi corazón palpitara más y más fuerte. ¡Qué vergüenza! ¿Se estaría dando cuenta? No paraba de darle vueltas a la cabeza. Suelo aparentar seguridad, pero en el fondo soy una persona tímida en las distancias cortas. Necesito tiempo para coger confianza y poder mirar a los ojos directamente. Él en cambio parecía tan seguro de sí mismo, tranquilo, con una sonrisa encantadora, pelo abundante y unos dientes blancos y bien alineados.

Para que no se diera cuenta de mi nerviosismo me fui con mis amigas para sentir el arropo y la seguridad que en esos momentos me faltaba. No quise mirarle más en toda la noche. Era algo extraño lo que sentía cada vez que notaba sus ojos clavados en los míos.

Cuando pasó una semana, de repente, noté que mi móvil parpadeaba. Suelo tenerlo en silencio porque me pone muy nerviosa el sonido constante de cada mensaje, aviso o llamada que te hacen en los momentos en los que estás ocupada. Después se me olvida ponerle la voz, así que, normalmente suelo tener el móvil en silencio permanente. Al desbloquear el móvil compruebo que es un número desconocido y en el mensaje pone “Hola, soy Marcos, me encantaría quedar contigo y tomar algo”. No salía de mi asombro. ¿Cómo tenía mi teléfono?, ¿por qué me escribía ahora?, ¿él también se había fijado en mí?, eran muchos los interrogantes que rondaban por mi cabeza en esos momentos. Y ahora, ¿qué se supone que tenía que hacer yo?, ¿por qué ahora?, ¿estaría preparada? ¡Si el día que le conocí ni le pude dirigir una palabra!

Mi cobardía hizo que tardara unos minutos en contestar. Por fin, decidí armarme de valor y contestar. “Hola Marcos, si quieres podríamos quedar mañana por la tarde sobre las 19:00 en el café GoByFoot”. Yo necesitaba mi tiempo para pensar ¿qué me iba  a poner para la ocasión? y ¿de qué íbamos a hablar?, ¿cómo iba a canalizar mis miedos y mis nervios?

Al final todo fue mejor de lo que yo pensaba. Él me hizo sentir relajada, su mirada me transmitía tranquilidad y contaba muchas historias. Es un chico muy aventurero. Es un poco mayor que yo. Él tiene 24 años y acaba de terminar la carrera de Historia del Arte.

En cuanto a mamá y papá, siguen tratándome como una niña y no se dan cuenta de que yo necesito mi espacio y me gusta hacer las cosas por mí misma. Valoro su ayuda, pero necesito enfrentarme a las cosas yo solita.

Yo creo que terminaré viajando y viviendo un tiempo fuera, es la mejor manera de conocerte más a ti misma. Sé que será una decisión difícil y me costará tomarla, pero me encantaría experimentar el hecho de vivir en un lugar diferente al que siempre he estado acostumbrada y conocer gente diferente. Mi hermana Lucía dice que estoy loca, que ella no se movería, ¿para qué? Como ella tiene 5 años más, se cree que tiene siempre la razón y que todo lo que piensa es la verdad absoluta. Pero bueno, ella se lo pierde.

Al final no ha sido tan difícil como yo pensaba escribirte. Todo es dejarse llevar y permitir que la imaginación haga su trabajo y las palabras salen solas. He disfrutado mucho escribiendo estas líneas y el año que viene repetiré sin dudarlo. Espero que mis deseos se cumplan y consiga ser feliz y fiel a mis ideas. Te quiero”

Mientras iba leyendo la carta, notaba como unas finas gotas de sal caían por mis mejillas por el efecto incontrolado de la gravedad. No pude leer la carta del tirón. Con cada frase que iba leyendo tenía que ir parándome porque sentía que mi estómago se encogía y se me hacía un nudo en la garganta.

Muchos eran los recuerdos que esa carta había evocado en mí. Pensaba que todo lo pasado, pasado estaba, pero me di cuenta de que no era así. Cuando sientes con intensidad las cosas, puede que pasen a un segundo plano con distracciones diversas, pero en el fondo, las cosas no bien gestionadas se reavivan.

La lectura de la carta fue como un jarro de agua fría. Fui consciente de que a día de hoy ya no sentía la ilusión que tenía con 18 años ni parecía tener las ideas tan claras como entonces. En ese momento, deduje que algo no estaba funcionando bien en  mi vida.

Actualmente, estaba trabajando para una empresa a la que dedicaba gran parte de mi tiempo, pero donde no me sentía valorada. Siempre los méritos se los llevaban otros. No podía escribir con libertad. Todo tenía que ser revisado y corregido por la redactora jefa, con la que las relaciones a veces eran difíciles porque el egoísmo emanaba por sus venas. No se daba cuenta de que sus criterios para valorar si algo estaba bien o mal, a veces, eran caprichosos. Por no enfrentarme y no saber decir que no, iban pasando los días y cada vez notaba que los dedos se deslizaban más lentamente por mi teclado y que mi falta de concentración era cada vez más acuciante. ¡Me falta pasión! ¿Qué me estaba pasando? ¿Cómo podría cambiar esta situación?, cavilé.

Guardé la carta de nuevo en su lugar y me quedé pensativa en la cama. ¿Qué sería de Marcos, aquel chico que me conquistó el corazón y del que ya no sabía nada?

Con el tiempo he aprendido que las cosas en la vida son pasajeras y hay que vivir el momento porque el viento se lo lleva todo.

 CONTINUARA…

La próxima semana avanzaremos el 2º capítulo

Elena Antón

Psicóloga

nº col. AN09547

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