DECIR ADIÓS

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Desde que nacemos y ponemos nuestro primer aliento en la tierra, comenzamos generando pérdidas, es este caso, del vientre materno. Esa separación, nos permite avanzar y desarrollarnos como personas. Ese es el inicio de los sucesivos cambios que se van a ir originando en nuestra vida y nos van a ir acompañando, con lo cual, es interesante que nos vayamos acostumbrando a ellos y valoremos desde una perspectiva más positiva las ventajas de dichos cambios. Cuando esas pérdidas se conviertes en añoranzas, sería bueno analizar qué echamos de menos, por qué tenemos un recuerdo triste de ese acontecimiento y pararnos a pensar qué nos ha podido aportar esa situación a lo que hoy somos y queremos ser. ¡La tristeza nos ayuda a reflexionar! ¡No la ocultes! ¡Es necesaria!

Por el camino, vamos “dejando el contacto directo con nuestras amistades de la infancia”, “perdemos la juventud”, conforme entramos en la etapa adulta “perdemos la ausencia de responsabilidades”, cuando tenemos hijos/as “perdemos la libertad de decidir y organizar nuestro tiempo a nuestro antojo”. Van desapareciendo personas muy cercanas de nuestra familia, a las que apreciamos y ya no podremos ver físicamente. Cuando cambiamos de residencia “perdemos la referencia de un lugar, de nuestras raíces”…Y llegados a este punto

¿Estáis de acuerdo con este párrafo? ¿Perdemos tantas cosas? ¿Cómo gestionamos esas pérdidas? ¿Podemos sacar provecho de estas situaciones que a veces nos hacen sufrir y no nos permiten avanzar? ¿Cualquier recuerdo pasado fue mejor?

Yo creo que no. El hecho de que se repitan algunas frases y se mimeticen en la sociedad no quiere decir que sean ciertas. Inevitablemente, con el transcurso del tiempo las situaciones, personas, lugares que hay a nuestro alrededor van a ir cambiando y gracias a ello podemos avanzar y seguir aprendiendo. Estas “pérdidas” se pueden convertir en nuestras aliadas, si nosotros/as queremos que así sea. No se trata de olvidar, sino de transformar los recuerdos pasados en alternativas más gratificantes y quedarnos con la moraleja de las mismas. Cuando un recuerdo se enquista de manera persistente en nuestra mente y tiene gran arraigo, hace que nos anclemos al pasado y no ampliemos nuestro campo de mirar hacia el futuro y especialmente hacia el PRESENTE. “Lo pasado, pasado está”, pero solo con pensarlo no basta, hay que trabajar y actuar para que realmente tengamos la convicción de conseguir que nuestros recuerdos sean una herramienta más en nuestro crecimiento personal y ampliar nuestro repertorio de habilidades y destrezas. Porque no se trata de olvidar y esconder todos aquellos recuerdo a que nos hacen daño, sino transformar esos pensamientos para que no nos sintamos desbordados. Como he repetido en varias ocasiones, somos seres sociales con nuestra historia persona l y nuestra mochila de experiencias. Somos lo que somos por todo lo que vamos viviendo, seguir adelante solo depende de ti, tú diriges el camino que quieres tomar y cómo es la comunicación que estableces contigo mismo/a.

 

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Elena Antón

Psicóloga

nº col. AN09547

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