EL DOLOR SE HA CONVERTIDO EN EL CENTRO DE MI VIDA

La clave de la terapia de Educación para el dolor, es poder llegar mediante un lenguaje fácil y asequible a comprender el significado del dolor a nivel biológico y los mecanismos de afrontamiento que cada uno puede buscar para mejorar su calidad de vida. Partiendo del modelo bio-psico-social, donde podemos establecer que somos seres con procesos biológicos, con pensamientos, ideas, sensaciones, emociones y que interactuamos en un medio social con otros seres humanos con los que establecemos relaciones interpersonales. Todo ello, influye en nuestra manera de interpretar el mundo que nos rodea y en consecuencia la evaluación que sacamos de dicha situación.

Cuando nosotros interpretamos las situaciones de una manera en concreto, respondemos de una manera específica y el efecto aprendizaje hace que las situaciones que hemos realizado de manera conjunta o asociada, se repitan en posteriores situaciones. Si no hacemos cambios, siempre se realizará de la misma manera y parecerá que solo hay una manera de resolver las situaciones. ¡No hemos probado otras!

¿Qué ocurriría si formateáramos nuestro ordenador cerebral y los pensamientos y aprendizajes previos le diéramos la oportunidad de reevaluarlos, rebatirlos, reflexionar sobre ellos?

A groso modo, en eso consiste la “Educación para el dolor”. Reflexionar sobre los diferentes elementos que pueden influir en la experiencia del dolor y teniendo en cuenta un prisma más global, podremos buscar maneras más individualizadas de trabajar en ellos.

¿Cómo lo podemos hacer?

Primero, aceptar que el dolor se ha convertido en el centro de tu vida.

Segundo, desde un proceso de atención no crítica, buscar las claves de ignición, que son las claves que pueden estar desencadenando la experiencia del dolor.

Tercera, una vez detectadas algunas de esas claves, empezamos a actuar, buscando maneras eficaces y que generen bienestar.

En los primeros momentos, puede resultar difícil meter cambios en nuestra manera de hacer las cosas, pero si lo hacemos desde el amor hacia nosotros mismos y dándonos el tiempo que necesitemos para ello, el proceso se convertirá en un Tú a Tú que nos reconforta y nos permite transferirlo a otras parcelas de nuestra vida.

Preguntas que os invito a reflexionar:

–          ¿A qué atribuyes la sensación de dolor?

–          ¿Para qué sirve el dolor que sientes actualmente?

Encuentres o no la explicación en este momento es interesante que comiences a hacerte estas preguntas antes de seguir avanzando.

Por otro lado, ¿Es lo mismo daño y dolor? ¿Siempre va de la mano el dolor y el daño? ¿Puede existir dolor sin daño en el tejido? En ese caso, ¿nos lo estamos inventando? ¿Si no tengo daño en el tejido, por qué tengo dolor?

Si entendemos el dolor desde una perspectiva multifactorial, veremos que el dolor que sientes es real, haya o no daño tisular.

Tanto si hay daño en el tejido como si no hay; en ambos casos, hay que tratarlo, y la manera de tratarlo es diferente.

Si hasta ahora solo nos hemos centrado en tratar el daño en el tejido y nos olvidamos del resto de factores, la curación es incompleta y puede llegar a cronificarse.

Antes de seguir, me gustaría aclarar el término “crónico”. No es lo mismo crónico que degenerar. La palabra “crónico” indica que “algo” se alarga en el tiempo, pero no quiere decir que sea para toda la vida. Cuando los profesionales determinamos que algo es crónico, influimos en la perspectiva del paciente y creamos en algunos casos ideas limitantes en el proceso de curación de los pacientes.

Como profesionales sanitarios, tenemos que ser conscientes de que somos agentes de cambio, “somos medicamentos andantes”. Nuestras palabras, ideas, argumentos se convierten en parte del tratamiento que estamos realizando.

Tener un conocimiento científico del mecanismo biológico del dolor nos abre las ventanas a otras posibilidades de actuaciones y qué podemos hacer cada uno en nuestra propia curación.

Nosotros somos los que mejor conocemos nuestras sensaciones del dolor. Alejarnos y verlo desde otro prisma es lo que nos permite buscar otras alternativas.

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Elena Antón

Psicóloga

nº col. AN09547

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