MI PRIVACIDAD

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En diversas situaciones de nuestro día a día, podemos sentir que privacidad se ve mermada por los excesos de confianza que otras personas parecen depositar en nosotros y caemos en la trampa de contar más de lo que realmente queríamos contar ¿os ha pasado alguna vez, que tras una conversación con una persona, habéis pensado que quizás habéis contado más de lo que os hubiera gustado? Pues es de lo más frecuente, y no por ello debemos sentirnos mal, sino aprender para la siguiente situación. Podemos reservarnos de contar aquellas cosas que no queremos que transciendan, independientemente del poder manipulador de nuestros interlocutores. No debemos pensar que por no responder a lo que los demás esperan, vamos a ser maleducados o poco respetuosos; todo lo contrario, de la otra manera no seríamos respetuosos con nosotros mismos. Aunque las primeras veces nos parezca brusca o no sepamos cómo salir de esa tesitura iremos normalizando la situación y poco a poco nos saldrán frases más fluidas. No siempre que nos negamos a responder lo que la otra persona espera, lo tenemos que hacer de manera seca y agresiva, hay muchas maneras, a base de repetición y aprendizaje verás cómo te irás sintiendo bien.

Una cosa es decidir comentar algún tema importante para nosotros con una persona de confianza y otra muy distinta es sentir un atropello de tu intimidad.

En definitiva, lo importante es que tú decidas lo que cuentas o dejas de contar. Fijaos que hay muchas circunstancias del día a día en el que desvelamos muchos datos nuestros sin ser conscientes de ello y si saber quién tenemos alrededor. Y no se trata de meter miedo, pero, ¿os habéis parado a pensar que cuando vais en cualquier transporte público hablando por teléfono quizás estamos revelando más información de la que deberíamos? O por ejemplo, las publicaciones que hacemos en las redes sociales, donde desvelamos infinidad de detalles personales (datos de contacto, lugares que frecuentas, viajes a los que te diriges…). No sabemos esa información en manos de quién va a caer; por eso, es de suma importancia que revisemos la privacidad de nuestras redes sociales y nos cercioremos de quiénes están viendo nuestras publicaciones, así como poder decidir las cosas que queremos que salgan en ellas aunque otros las suban por nosotros. Un ejercicio muy sencillo es que busques en google qué sabe de ti, pon tu nombre y busca tus fotos y la información que sale de ti y analiza si esa es la información que quieres transmitir. Usemos las redes sociales para potenciar nuestra marca de autenticidad y naturalidad, no para idealizar situaciones ficticias o para usarla como arma de ataque hacia otras personas con comentarios hirientes y que denotan la cobardía de esas personas que son capaces de despotricar por las redes sociales cosas que no haría cara a cara. Una actitud negativa se vuelve en contra nuestra, trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, así conseguirás estar en armonía con tu entorno y sobre todo en sintonía contigo mismo.

Elena Antón

Psicóloga

nº col. AN09547

 

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