Cómo funciona nuestro cerebro cuando sentimos dolor

por metropolsalud
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Cómo funciona el cerebro cuando sentimos dolor. Fisioterapia Metropol Salud. Sevilla y Aljarafe

¿Qué es el dolor?

El dolor es una sensación desagradable que atormenta a muchos pacientes y al que no sabemos darle un sentido. En este post, vamos a explicarte de una manera didáctica cómo el cerebro produce este mecanismo de defensa que nos puede limitar nuestra vida diaria.

Imagínate que un día estás agachado o doblado y quieres coger un peso importante. Al realizarlo, te da un dolor fuerte en la zona lumbar que te impide volver a la posición.

En nuestros tejidos, es decir, en nuestros músculos, ligamentos, tendones, huesos y discos existen una serie de sensores que son como unos vigilantes que se activan cuando esos tejidos tienen modificaciones en la carga.

La información llega al cerebro

Ellos informan de lo que sucede en los tejidos y lo hacen con mayor rapidez cuando la carga es más alta.

Una vez detectado un cambio, esa información debe ser transmitida al cerebro, órgano central donde se toman las decisiones respecto a esos cambios. Así que esa información se transmite por los nervios hasta la médula por unos mensajeros.

Una vez la información la lleve el mensajero, debe llevarla a la médula que es como un primer centro de correos donde se debe reordenar la información de todos los lados del cuerpo. La médula recibe información no solo de los tejidos como huesos o ligamentos, también llega de los vasos sanguíneos, vísceras y de la piel, y todos llegan al mismo nivel medular.

Una vez que se ha clasificado esa información, la médula se la pasa de nuevo al mensajero que la lleva al cerebro, concretamente al tálamo y se produce una respuesta en conjunto de las neuronas.

La respuesta del cerebro

En el tipo de respuesta que aplicará el cerebro influirá:

  • La información que llega por el mensajero.
  • Antecedentes de carga alta o problemas que haya tenido el individuo en esa zona (es decir, la memoria).
  • Expectativas con respecto a lo que tiene y cómo se va a resolver.
  • Las enfermedades que el individuo tenga en ese momento y la medicación que toma a diario.
  • Capacidades cardiovasculares y físicas.
  • Factores psicosociales tales como el estrés o la cantidad y la calidad de horas de sueño.

El trabajo de las neuronas

Vamos a ver cómo gestionan las neuronas la situación descrita al principio en la que, por primera vez, le da a esta persona una carga alta a nivel lumbar. Tenemos que imaginarnos a nuestro cuerpo como un centro de mando o una mesa de reunión donde están todos estos actores:

  • Memoria: “queridas neuronas, hemos recibido una alerta de la zona lumbar, he buscado en mis archivos y no he encontrado ningún problema en esa zona, sólo he conseguido un archivo de problemas en un tobillo que resolvimos satisfactoriamente”.
  • Capacidades: “además, estamos bien preparados, nuestros músculos están activos y nuestro corazón bombea adecuadamente la sangre que nos oxigena y que alimenta nuestras células y recoge la basura”.
  • Enfermedades: “en mi departamento no tenemos problemas, no tomamos medicación y no hay ningún problema en los demás sistemas, nuestras defensas están listas, nuestros sistemas digestivo y respiratorio funcionan a toda máquina”.
  • Factores psicosociales: “nosotros dormimos bien y nuestras neuronas no están hiperestimuladas, activamos y desactivamos adecuadamente las redes por defecto”.

Cómo influyen las creencias

Ahora viene alguien muy importante, al que no solemos tener en cuenta, pero de gran peso: las creencias, que provienen del lóbulo frontal y tienen un gran peso en el resto de áreas cerebrales.

Creencias: “Yo creo que es un suceso espontáneo y que no hay de qué alarmarse, además tenemos las mejores condiciones para resistir cualquier incidente en esa zona. Propongo que le digamos al córtex motor del cerebro que no se active mucho por precaución y que evaluemos en los siguientes días. Votemos”.

En este caso, el individuo se moverá unos días con limitaciones hasta que el restablecimiento fisiológico y la disminución de la alarma le permita mayor actividad.

Otros sucesos que pueden afectarnos

Pero imaginemos que, en las semanas siguientes, nuestro protagonista tiene varios sucesos de alta carga en la zona lumbar y que las alarmas siguen activándose más allá de los tres meses. En ese caso, los actores de nuestro cuerpo se reúnen de nuevo para analizar la situación:

  • Memoria: “llevamos más de tres meses teniendo problemas en la zona lumbar, he rebuscado entre nuestros antecedentes y no he encontrado tantos problemas como ahora, deberíamos estar preocupados”.
  • Capacidades: “tanto inhibir a la musculatura para que se moviera con más cautela ha hecho que no tengamos mejor capacidad de reacción”.
  • Factores psicosociales: “este problema merece una atención especial, en el trabajo nos han llamado la atención porque no rendimos de la misma manera”.
  • Capacidades: “yo creo que debemos poner más vigilancia para que si ocurre algo más importante estemos atentos y tengamos tiempo de reacción. Debemos encender todas las alarmas y que todos los sistemas estén atentos”.

Así que el organismo genera más sensores o vigilantes en la zona de carga, los hace más sensibles para que descarguen antes la información. En la médula también se produce mayor amplificación de esa información, y en general, el cerebro activa más rápidamente acciones de defensa.

Dolor más otros factores

Imagínate que en el mismo caso que hemos estado comentando, el dolor permanece más de tres meses. Además, esta persona tiene diabetes, hipertensión, sobrepeso, duerme mal, al vecino le tuvieron que operar de la espalda y tiene estrés porque la empresa va mal y le han comunicado que puede haber despidos.

  • Memoria: “otra vez carga en la lumbar, al final nos va a pasar como a la vecina, esto ya es demasiado no se puede aguantar, además no descansamos porque siempre estamos en alerta”.
  • Capacidades: “pues nosotros no estamos para aguantar nada, ya hemos limitado la movilidad y la fuerza todo lo que podíamos”.
  • Enfermedades: pues nosotros también vamos allá, no regulamos bien las bombas de sangre y no llevamos bien el oxígeno y los nutrientes.
  • Factores psicosociales: pues ahora que a lo mejor nos despiden, qué vamos a hacer, cómo nos van a contratar en otro lado con este problema, hay que impedir como sea que esto vaya a más, hay que activar todas las alarmas y poner más vigilantes.
  • Creencias: yo creo que ya no vamos a poder jugar más con nuestro hijo ni vamos a poder realizar ejercicio.
  • Todos: “alarmaaaaaa”

El dolor como sobreprotector

Este caso puede parecer una exageración, pero no está muy alejado de lo que ocurre en un cerebro que tiene todas esas condiciones. Muchas veces, ponemos el mismo ejemplo: imagínate que estás en un trampolín y te empujan desde atrás. ¿Quién se cae al agua, el que está al principio del trampolín o el que está en el borde?

Los que están al principio son las personas que tienen buenas capacidades, duermen bien y no tienen enfermedades añadidas. Evidentemente si el empujón es muy grande, por ejemplo, un gran traumatismo, por muy bien que estés te caes.

El dolor es un mecanismo de alarma que pretende evitar males mayores, pero en algunas circunstancias, como en el dolor de larga evolución, el mecanismo se vuelve mal adaptativo, se convierte en sobreprotector.

Pensemos en un niño que se cae en un columpio. Al principio no le das importancia (si es que el golpe no es muy fuerte). Pero si se cae cada vez que va al parque y esa situación se mantiene durante el tiempo, estás pegado al niño por si se cae y en algunos casos eres capaz de no dejarle que se monte. Si el niño insiste en montarse, tu sistema sobreprotector al final puede generar un conflicto.

Mejorar nuestras capacidades

En estos casos, hay que mejorar las capacidades poco a poco: la alimentación, el sueño, la gestión del estrés, y sobre todo darle confianza. No te estás dañando más porque tengas un poco de dolor. Dolor no es igual a daño en estos casos, es sólo un aviso de carga y que ésta debes regularla.

Y, sobre todo, el lóbulo frontal, la zona del cerebro donde reside lo que pensemos y creamos, el lenguaje, es muy importante. Esas neuronas tienen capacidad de inhibir los circuitos donde se gestiona el dolor y los mecanismos de alerta.

Esperemos que hayas comprendido mejor qué ocurre en el cerebro cuando un individuo tiene dolor de larga evolución. Siguiendo este guión, hemos realizado un vídeo (que puedes ver abajo al final de este artículo o en nuestro canal de YouTube) donde explicamos este proceso con actores de teatro para que te sea lo más didáctico y ameno posible.

Metropol Salud

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